La ceguera de banners es, básicamente, la costumbre que hemos desarrollado casi sin darnos cuenta de borrar los anuncios cuando navegamos por internet. Como estamos tan acostumbrados a ver publicidad en todas partes, nuestro cerebro aprende automáticamente a ignorar todo lo que parezca un anuncio para ir directo a la información que nos interesa.
Esto no solo pasa con los anuncios de verdad. Si una página web pone un mensaje importante o un botón útil en un lateral, con colores muy llamativos o letras parpadeantes, nuestro cerebro pensará «eso es publicidad» y ni siquiera lo miraremos. Nos hemos vuelto expertos en pasar de largo ante cualquier cosa que tenga pinta de querer vendernos algo.
En resumen, es un truco de nuestra mente para no saturarse con tanta información en la pantalla. Por eso, hoy en día las páginas web intentan no usar diseños tan cargados ni molestos, para lograr que la gente realmente lea lo que ponen en vez de saltárselo sin mirar.
